El Torno de Alfarería
- Potterapy
- hace 7 días
- 4 Min. de lectura
Como herramienta de alfarería, los humanos de hoy la hemos sofisticado, pero su origen es antiguo y rudimentario, ha acompañado la creación de cerámica utilitaria, esa que nos sirve la cena diariamente, desde hace cientos de años. Aprende con nosotros sobre esta genial herramienta que permite crear con barro formas cilíndricas, cónicas, esféricas, con simetría y fortaleza.
El torno de alfarería, conocido como throwing wheel, es una herramienta que ha dado vida a innumerables formas de arcilla, convirtiendo un material humilde en expresiones artísticas que perduran milenios. Inspirado en el enfoque accesible y cautivador del V&A de Londres, este artículo ampliado invita a descubrir su fascinante trayectoria, desde sus orígenes antiguos hasta su vibrante presencia actual, sin requerir conocimientos previos de arte.
Orígenes y primeras evoluciones
El torno de alfarería surgió hace unos 6.000 años en el Oriente Próximo, probablemente en la región de Mesopotamia, donde se desarrolló el "tournette" o rueda lenta. Esta versión primitiva era un disco de madera o piedra girado manualmente o con el pie, que facilitaba el modelado de arcilla mediante técnicas de coiling (enrollado de serpientes de arcilla) y permitía simetrías básicas en vasijas cotidianas. Alrededor del 3500-3000 a.C., en sitios como Uruk en Mesopotamia (datada en 3129 a.C.) y el Antiguo Egipto, emergió la rueda rápida con volandera: una plataforma inferior que impulsaba el giro continuo mediante un movimiento de péndulo, liberando las manos del alfarero para centrar la arcilla, abrir el centro y elevar las paredes con presión precisa. Esta innovación se propagó rápidamente a China durante la dinastía Shang (1600-1046 a.C.), Grecia micénica y Roma, transformando la producción cerámica de artesanal a semiindustrial, con piezas exportadas en rutas comerciales.
Versiones a lo largo de la historia
La evolución del torno refleja avances tecnológicos y necesidades culturales. Las ruedas de patada (kick wheels), comunes desde la Edad del Hierro (alrededor del 1200 a.C.), incorporaban una volandera pesada que se accionaba con el pie, ofreciendo mayor velocidad y control para formas complejas como cuellos estrechos o bases anchas. En la Europa medieval, se usaron versiones de doble rueda (una superior para tornear y otra inferior motriz), y durante la Revolución Industrial del siglo XIX, se introdujeron modelos hidráulicos y de vapor en talleres fabriles ingleses y franceses, acelerando la producción masiva de loza fina. Hoy, las ruedas eléctricas dominan: las tabletop (de mesa, compactas y portátiles, ideales para principiantes con velocidades de 0-300 RPM), las floor-standing (de suelo, robustas para piezas grandes hasta 50 kg de arcilla, con inversión de giro y pedales sensibles), y híbridos como las de batidor automático para estabilizar la arcilla húmeda. Algunos artesanos tradicionales reviven las kick wheels por su conexión táctil y sostenibilidad.
Estilos cerámicos tradicionales con el torno
Diversos estilos tradicionales han elevado el torno a símbolo cultural, fusionando técnica con identidad regional. En el mundo islámico, desde el siglo VIII, alfareros persas y otomanos usaron el torno para crear celadón turquesa en Iznik (Turquía), con formas simétricas como tulipanes y platos con caligrafía, girando a altas velocidades para paredes delgadas. La porcelana china Song (960-1279 d.C.), como el celadón de Longquan, dependía del torno para jarras de cuello largo y tazones perfectos, con esmalte craquelado que realza la fluidez del throwing. En Japón, el estilo Kyo-yaki de Kioto (siglo XVII) y las jarras Bizen empleaban ruedas rápidas para texturas rugosas y formas asimétricas sutiles, mientras que los onggi coreanos —grandes jars de fermentación— requieren tornear arcilla grosera en ruedas potentes para soportar volúmenes masivos. Grecia y Roma produjeron ánforas anfóricas para vino y aceite, con panzas bulbosas torneadas en lotes; en México prehispánico, influenciado por el torno postconquista, surgieron talaveras poblanas con patrones geométricos. En Europa, la loza de Delft holandesa (siglo XVII) y la majólica italiana imitaban formas orientales torneadas con precisión milimétrica. Estos estilos demuestran cómo el torno no solo moldea arcilla, sino que preserva narrativas culturales a través de generaciones.
Producciones y técnicas emblemáticas
El throwing habilita una gama infinita de producciones, desde utilitarias hasta escultóricas. Técnicas básicas —centrar (wedging y coning up), abrir (con los dedos o ribs), elevar (pulling walls) y collar (refinar bordes)— permiten cilindros, cuencos, jarras y platos en minutos, escalables a lotes de cientos en alfarería industrial antigua. Producciones icónicas incluyen vasijas predinásticas egipcias para ungüentos, ánforas romanas de Dressel 20 (hasta 100 litros), y la porcelana Meissen alemana del siglo XVIII para vajillas reales. Hoy, se usan herramientas como ribs de goma, plantillas y bats para precisión: torsiones para formas orgánicas, o throwing off the hump (tornear múltiples piezas de un cono central) para eficiencia. En producción masiva, como en fábricas de Stoke-on-Trent (Inglaterra), el torno mecanizado genera tazas idénticas; artesanalmente, permite alteraciones post-torno como faceting o sgraffito.
Artistas contemporáneos destacados
Cinco ceramistas mundialmente reconocidos elevan el torno con innovaciones que fusionan tradición y experimentación. Richard Phethean (Reino Unido) domina el throwing de formas grandes y alteradas, como jarras "squashed" y platos flotantes, impartiendo talleres en 2026 que enfatizan la espontaneidad. Hsin-Chuen Lin (Taiwán/EE.UU.) crea vasijas orgánicas fluidas en el torno, con curvas que evocan paisajes taiwaneses, celebradas en galerías como Venice Clay Artists. Kwak Kyungtae (Corea del Sur) revive onggi modernos, torneando jars de hasta 100 kg con arcilla local, fusionando funcionalidad ancestral con minimalismo contemporáneo. Jennifer Lee (Escocia), nominada al Turner Prize, produce cuencos y cilindros puros en torno eléctrico, esmaltados con gradientes naturales que capturan la luz como joyas. Eric Serritella (EE.UU.) engaña la vista con esculturas trompe l'oeil torneadas —frutas hiperrealistas—, destacadas en exposiciones de 2026 como Contemporary Clay. Otros como Brian Dickenson refinan repeticiones hipnóticas, inspirando a una nueva generación.
Legado vivo en 2026
En enero de 2026, con eventos como las workshops del Ceramic Studio y Contemporary Clay, el torno sigue accesible: clases para principiantes en estudios cerámicos como Potterapy en Medellín, enseñan sus secretos en horas. Esta herramienta no es reliquia, sino puente entre pasado y presente, invitando a todos —no solo artistas— a girar arcilla y conectar con la humanidad compartida.
